Hola, Papá:
solo decirte, bajito:
aunque la vida pase,
nunca estarás solo;
aunque pase la vida,
dura, raída,
cruel a veces,
injusta y seca,
inapelable:
no estarás solo;
aunque apriete,
aunque duela
como duele
cuando doler quiere:
no estarás solo;
no estaremos solos.

Aunque un día no esté:
no estaréis solos.
Aunque un día no estés:
no estaremos solos.

Aunque vengan todos
los días morados,
casi negros,
y se pierdan los amigos,
y lo flexible
no lo sea como antes,
y aumenten la distancias,
y haga más frío,
o más calor,
o seamos menos niños,
menos fáciles,
menos suaves:
no estarás solo,
no lo estaréis,
nunca,
como no lo estuvimos.

Aunque tengamos que
aceptar los finales,
aunque se nos venga todo,
hasta la vida,
encima con sus exclusiones,
sé que nunca, ni ahora,
ni entonces, ni pasado,
ni cuando no estemos,
sé que nunca
estaremos solos.

Aunque no estemos, nadie,
estaremos,
como siempre
entre la lluvia,
donde solo auténticas
se dibujan cardioides
las formas del día,
pasando estaremos,
nunca solos,
juntos,
sorbiendo del tiempo,
ganando,
fabricantes de recuerdos.

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