La torrentera bajando
subiendo la colina blanca,
obviando el cuerpo sedente,
imagen en frío
de la mala suerte;
guijarros de todos los colores,
niños despistados,
niñas asombradas,
bailarinas de lo desconocido,
barbas ausentes,
pelos agallinados surgen
como fuentes del suelo
en pasos cortos y lentos;
miradas perdidas
que no saben
que son observadas,
observadores cazados
en su efervescente
condición sexual
inesperada, equívoca,
subyacente de los placeres,
carritos desbocados,
parejas separadas,
grupos danzantes de risas
y unos ojos entre la informe
multitud que se clava,
se entremezcla,
se filtra entre las junturas
carnosas de la unidad.
Pasos torvos sobre el cielo,
contemplan desde las alturas
las sombras vestidas
de ángeles azules.
de arriba abajo,
sin orden, sin vara
ni cauces, la vida
se abre paso
a la luz de las puertas
infinitas,
sorbiéndole el calor
a los espíritus
en el tiempo desbocados.

 

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