Estar, pero estar cerca.
Hablar hasta perderse.
Mirarse como si no hubiera abismos.
Descerrajar el tiempo
con las manos, vivas,
y revolverse como bestia.

Reír,
oírte reír,
vernos reír,
hacerte reír,
y en el olor del verano largo,
atávico,
niños de infantil
recuerdo imposible
verse repetidos
en todas las eras,
sobre todo en esas,
difusas,
en que nos llegamos a ver.

Y blindarse,
destaparse
de realidades que sufren,
de lo real que abruma,
de lo debido que falla;
rodearse
en los sollozos del bosque
y ocultarse al mundo
y al pasado;
entrelazar el futuro
en cada noche,
líquidos, rosas,
desvanecerse,
y que mueran todos los ahora,
los hoy,
los seguimos igual,
sin remedio.

Y ondular
en el tejido llano
de la imaginación,
y al mover los dedos:
encontrarse.


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