Ya sé que estás triste
y que no puedes…
Y que no puedo hacer nada,
que no siempre hay razones,
que no hay por qué explicarse.
No pasa nada.
No hay que decir nada,
hay que vivirlo,
no tiene más secreto,
como solo tú lo vives;
y no te diré que lo pienses,
no te diré que lo medites o tragues,
sé que no lo necesitas,
que hoy estás triste
y eso es todo,
y todo el mundo es de acero,
y la vida de un barro negruzco
y en el medio nosotros,
raspando con la piel los rebordes
afilados que sobresalen del camino.

Sé que no hay palabras,
sé que no hay consuelo
ni tiene por qué haberlo,
hoy toca sentarse al aire
difícil de la discordia,
a las llamas de la incertidumbre,
y dejar que pase la tormenta,
como pasan azules las sombras,
como rotas se disuelven las nubes.

Ya sé que estás triste,
y qué no puedo hacer nada,
ni quiero,
no diré palabra,
no haré ningún gesto,
me quedaré quieto,
sin voz,
al calor de tus manos,
esperando,
guardando que no se acerque la lluvia,
viendo que no te molesten los truenos;
me quedaré a tu lado
en sagrado silencio,
para cuando se haga algo de luz
y tus ojos secos despierten,
para estar ahí cuando lo necesites,
cuando la voz se te devuelva,
cuando puedas, de nuevo,
volver a sentirte entre caricias,
volver a oírte con palabras,
aunque estés triste…

Imagen por: psychoflat


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