Que se enciendan los aromas
de la nocturna maleza,
que las hierbas nos adornen
con la sagrada pereza.

Lustrad el pino y la roca,
que descienda el agua clara,
cante a coro la chicharra
en la puerta de tu casa.

Purgad la tensión del frío,
de las lluvias haced bailes,
retocemos como locos,
bebamos sólo felices.

Qué se levante el telón
y se estrene la canícula,
seamos de nuevo actores
del mejor de los veranos.

Y salgamos a los montes,
y bien corramos desnudos,
y bien amemos la noche,
que en la fiebre de estar juntos,

a la luz del universo
abierto de par en par
sobre nuestras ilusiones,
no encontraremos ya más

que la tremenda pasión
del tiempo libre y sobrado,
del disfrutar de unos ojos,
aunque el tiempo haya pasado.

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