Disnea

por Somnoliento

Caminando.
Subiendo sin saber.
No creer en nada, aún.
Ver de cerca,
como debe ser.
Agarrarse, fuerte.
Mirarse, fuerte también.
Sombrear la noche.
Desbastar los sentimientos,
fautores de lo posible,
de lo más deseable.
Segar el ciego color de las normas.
Soltarse.
Mirarse, de nuevo, fuerte,
en la untuosa humedad de los besos.
Rozarse.
Encadenarse al horizonte de eventos
que se forma entre las ramas de tu pelo.
Gritarle a Hécate, con rabia.
Abrirse al final de todo y,
empapados en la disnea
que circula entre los espacios,
dejarse llevar.

Abrirse, pero no separarse.
Cerrarse, pero no hacerlo solos.

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