Ojalá que cuando el frío llegué
yo ya no esté aquí, empantanado y solo,
ojalá que ya no encuentre del mundo
mar tan sucio como entonces pensé.
Espero andar muy lejos del podré,
de las espinas del arrollo seco
y saberme bañar dulce y tranquilo
en las aguas claras que allí dejé.
No quiero volver a sentir el hielo
tan cercano como siempre, tan mixto
y altivo en los ojos del mono blanco:
bajo la bóveda oscura perdimos,
hicimos verdad del collado ciego,
sombría quebrada de lo que fuimos.




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