Cuando parece escaparse la luz,
dejándonos secos en la impaciencia,
cruda nostalgia en plena efervescencia;
cuando nos cubra de invierno el alud.

Cuando la noche cae en solitud,
y las mañanas son de intolerancia,
del color rubro de la somnolencia;
cuando perdamos sangre y longitud.

Donde el camino deja de torcerse
y la arena, los árboles, la piedra,
todo vuelve al gris y al negro resecos.

Donde la noche se envilece y muere,
y la soledad encubre y arredra,
allí muere el verano con todos sus secretos.

¿Qué perdimos antes, luz o verano?
Las voces o las manos, el calor
de encontrar viejos pasos bajo el sol,
el grito de risa envuelto en pasado.

¿Qué no llegó, no hubo que no ganamos?
El mar y el cielo, del monte su voz,
la paz del río cantando a su son,
libre, el bosque presentándose raro.

¿Qué nos queda ya encendido el recuerdo?
¿Qué llevamos mas allá de la lágrima,
del sentido mortal de lo finito?

Qué podemos contra lo pasajero,
los trazos que adornan vivos el ánima,
el brillo permanente de todo lo vivido.

¿Dónde morirá el verano?
¿Qué de todos sus secretos?
al escaparse la luz,
al morir la noche asceta.


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