Libres, Poesía

Me puede

Me puede la visión del árbol
y la nostalgia de la sombra nervada.
La lluvia del sol, permeando
entre las nubes,
las miles de nubes en su rabia,
misma arena húmeda
de mareas díscolas que solo
obedecen a la cambiante joven,
exuberante, pulida de aluminio,
vestida de espumas polvorientas.

Me llaga la melancolía de la hierba,
traviesa exacta de tiempo,
mojada de pieles tras la tarde,
reflejando el deseo
que no se pudo convenir
sobre el viento batiente,
esperando a los amantes,
caminantes solitarios,
fundidos verdes al barro por eluirse.

Me embarra la nívea visión
del mismo cielo,
uno tras otro,
gris tras azul, rojo sobre fuego,
espejo ocre sobre el hielo azul,
sobre el reflejo de un tiempo
tras otro renovado,
y en su voz, las voces del pasado,
los niños de la lluvia,
las miradas de la tierra,
las carreras en busca
del céfiro perdido,
entonces castaño, sutil,
herida de costra y vida.

Me huelen a vida todas las tardes,
las mañanas,
las noches sin brillo;
me saben a flores
del verano los sueños,
y las olas blancas,
y los ríos rojos,
las montañas que cantan
para no perdernos en el ritmo,
el ritmo de un grillo topo y viejo,
la eficiente pasión
a un palmo de todo,
a una miríada de alientos
cargados de futuro.

 

La verdadera nostalgia, la más honda, no tiene que ver con el pasado, sino con el futuro.
Yo siento con frecuencia la nostalgia del futuro, quiero decir, nostalgia de aquellos días de fiesta,
cuando todo merodeaba por delante y el futuro aún estaba en su sitio.

Luna en el sur, Luis García Montero


Also published on Medium.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *