Sabes muy bien que ahora no te miro,
pero te miraba;
rumiar el resto jugoso de acabar de mirar,
de acabar de aprovechar
el resquicio en tu atención
para poder enfrentar tus ojos,
tus manos,
tu pelo demasiado constante y azul,
un espacio transparente entre tus ropas…

Ese no mirar,
desviar la mirada si me miras
socavar las defensas de tus ojos indefensos,
rápidos elulidos,
rapaces los míos
en el vencimiento de la pausa.

Apurar la tensión,
y jugarse el tipo
por encontrar el rabillo
del ojo ajeno próximo,
buscando al culpable
que a segundos escarbaba;
una cuerda que tensa y relaja,
cuando uno escapa,
cuando el otro mira.

 


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