Ya me come, ya me come,
que no ha tiempo que haya pasado
sin venirte de vez en vez,
resoplando sigiloso;
que ya vuelves,
vampiro del alma.

Que eres…
Que eres como fuego mal forjado,
de fractura en hueso,
mal va dado tu mordisco,
emponzoñado.
Alto, sibilino,
banshee descontrolado,
falto de voz y caricias.
falto de tacto y cariño,
eso te falta,
y tanto,
y te falta espacio y seso,
y te faltan palabras
que crees pero que no están,
ni estarán, ni nunca estuvieron;
imaginas futuros que son polvo
antes de formarse.
Eres un tronco, insensible
en el musgo fluorescente,
líquido de núcleo hirviente,
dañino en el colmillo,
simple, chapas, inhumano,
no tienes derechos, no,
no te quedan,
los agotaste en el pantano
costroso de tu rabia eterna:
hiriendo, abriendo, rasgando…

Molesto,
Faltón,
carroñero, imbécil,
insepulto irresuelto,
cacaseno que diría…
De qué te sirve si solo buscas
la humillación y la pulpa;
de qué te sirve, dogmático,
si solo sientas y no sabes,
si no eres más que el niño
perdido que fuiste siempre,
perdido en la nada
por encontrar tinieblas
entre la espuma,
un color de algo, una lluvia,
algo que te retracte,
algo que sacie esa maldita,
ininteligible sangre sedienta.

Eres imposible,
dominarte, cansino,
duele e inflama,
que eres de mitos e hígados comidos,
una filfa,
un retal de dolores inventados;
mejor, fuera;
mejor, callado.

Mejor, olvidarte,
si solo pudiera,
si no fueras tan como yo;
tan indivisibles…

 

Imagen por: mikartmilo


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