Desde siempre,
aun cuando los ríos
todavía preguntaban
por el origen del ruido,
bajo los sauces describe,
entre su sombra tamizada,
la luz espirales de agua y hielo
sobre la hierba que
espera atenta la
la llegada de una brizna
de viento que abra
los brazos lánguidos,
caricias de hilo
ofrecidas a la tierra.

Tierra líquida, paciente
escultora de todos los pasos,
la misma tierra bajo
todos los sauces,
los que se cortaron
porque no dejaban
que la vista llegara al agua,
porque sus raíces
pacientes buscaban el agua;
sauces ausentes
bajo los que,
al son de su danza tranquila,
escondíamos de la infancia
el tacto sobre la piel fría,
silencio druídico
en el que despertar
los juegos del barro,
nuestras huellas
sobre los sueños de la hierba.

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