Vivimos en una nueva cruzada,
que muy poco tiene de religiosa,
abrazada en masa por los adictos
a ignorar su realidad rabiosa,
a matar la vida y el pensamiento,
esta existencia a veces tan fangosa,
con el néctar vacío de la inopia,
y la digital soma venenosa.
Asistimos a una nueva cruzada,
para la que no existe tierra santa,
para la que todo es consumible,
en la que solo existe un máxima:
que nadie vaya a pensar demasiado,
dediquemos el tiempo a lo que importa,
a engullir la idiotez y la mentira,
adormecer el alma y la idea.
Ruinar, olvidar toda inteligencia,
que no quede ni rastro de su canto,
que no haga perder ni un solo segundo
a nuestro cerebro frontalizado,
para qué bucear en lo profundo,
para qué perder nuestro tiempo escaso
si podemos ignorarlo del todo
enterrados en terminal reposo.
Pensar es hoy un enfermedad crónica
propia de viejos, dañinos y raros,
que solo pretenden interrumpir
la marcha su idiotismo sagrado.
Y es que nunca antes había la masa
mandado, gritado, sufrido tanto,
nunca antes cuatro ricos incultos
dominado, engañado tanto a tantos.
La vulgaridad de la inmediatez,
la falta de criterio y valor,
la pérdida del sentido del tiempo,
las burlas a la bondad y el amor…
Los últimos hilos de humanidad
se consumen en este falso ardor,
arrastrando moribundas bellezas,
en esta hilarante, divertidísima,
su cruzada contra la inteligencia.




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