Cabe llorar, nunca es malo llorar.
Cabe gritar, porque somos humanos,
y nadie puede acallar tantos muertos.
Cabe indignarse, porque es natural
sentir la rabia en la necesidad.
Cabe estallar, lanzar piedras y barro
cuando no nos queda más que ese barro,
cuando todo lo que se ha tenido,
las personas que más hemos querido,
se han perdido, arrastradas por el barro.
Nos creímos a salvo del brutal
golpe de la tierra en su enfermedad.
Nos dejamos gobernar por mediocres
que comulgaban con nuestros terrores,
les dimos la llave de la verdad
y olvidamos que, quizá, la decencia,
la responsabilidad y el criterio,
la más simple necesidad de juicio,
fueron siempre una cuestión de experiencia,
simple condición de la inteligencia.
Décadas de dejar que los idiotas
trepen a lo alto de sus cubiles,
dar carguitos a sus ineptitudes,
solo puede acabar en vidas rotas,
en tragedias que no se explican solas .
Esto no es una canción política,
escupo en tus ideas neolíticas,
nos vale madre tu azul o tu rojo,
pero no tener que vivir del rastrojo
de tu imbecilidad apocalíptica.
Cabe también detenerse a pensar
en que quizá merezcamos mejores
gobiernos, personas e instituciones,
que podemos llegar a exigir más
de aquellos a quien vamos a votar;
Cabe reflexionar y preguntarse
si en esta decadencia del odiarse,
de votar porque me da miedo el otro,
no estaremos a la mierda mandando
todo lo que supone gobernarse.




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