Salvado

por Somnoliento

De mis propias raíces sulfurosas,
ayer me sacó en volandas
el pájaro del flamenco subido en la cazalla.
Una guitarra de cuerdas de hiedra rota
que busca para comer en los túneles
de la desidia y la rutina de manos perdidas,
de corazones exprimidos bajo tierra;
un soplo de verdades cantadas
en el exánime prado subterráneo,
cobijo del que vacía su miedo
en minutos de traqueteante aquiescencia.
Ayer levantó del mundo viscoso
mis dedos amargos
el humano espíritu de la vida.

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