Que si escribirte, que si no;
que si tocarnos, que si raro,
que si entonces, pero menos.
Que si verte, pero cruzada,
fantasmal, demudada,
esquiva, lejana, intervenida.
Que si pedirte, y no,
porque no hay,
ni tiempo ni tacto,
ni ganas ni fuerzas,
ni oportunidad
que merezca la pena.
Que si escondernos del mundo,
pero para qué,
si hoy ya nadie se esconde,
nadie puede,
menos nosotros,
escindidos y enramados.
Que no escribirte, no de cerca,
pero hacértelo llegar,
en un contraluz de sorbos
de nieve roja,
la última nieve,
nieve roja,
del último tiempo,
de los últimos versos.
Que si tocarnos, pero sí,
siempre que nos veamos,
que será nunca,
pero será cerca,
porque cerca estamos siempre.

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