¡Niño de la tormenta!
Niño de la tormenta,
ven, súbete a la luna,
ven, corre hasta la luna
y dile a esas nubes,
las pesadas y negras,
que pasen,
que no pueden quedarse,
que no queremos ser
De sus tiempos esclavos.

¡Niño de la tormenta!
¿Sigues allí en tu luna?
¿Sigues allí, colgado
por encima del cielo?
¿Has visto ya pasar
tu miedo aureolado?
Anda, ve, baja, corre
y dile a la montaña
que no mueva ni un músculo,
que no deje, que nunca
permita que la cambien.

Niño de la tormenta,
¿Por qué vas a bajar?
Si nada ya te espera,
que allí estarás mejor,
encumbrado a la vuelta
de todos los espacios,
aceitado de leche,
libre de andarte solo,
perdido,
entre luces y sombras,
de albores y  de noches.

¡Niño de la tormenta!
—“¿Qué?”
Que no vuelvas,
que no esperes,
que no cuides,
que ya iremos,
que arriba estás mejor,
sultaneando lluvias,
que no hay cuitas ni errores,
que queremos mirar,
todavía, una vez,
o más,
a las cumbres como iguales.

Imagen por: megatruh


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