Ya sé que no me leen ni los cuervos aludos,
ni las cuatro holoturias pintadas de antracita
que glaucas se reflejan bajo el agua, mirándome.
No te engañes, me rabia la hierba de pies a manos
cansada de oprimirse sorbiendo Powerpoints,
pero me da igual, casi, o cayendo, o sufriendo,
o que siempre hay refugio en querer refugiarse
bajo láminas de sal y espumas de jaras,
grandes piedras de mica, cuarzos iridiscentes
y desde siete en siete jugosos feldespatos,
porque no hay sino saber que el tierno sabor
de viejos corazones calientes y jugosos,
recientes de los pechos, de las bocas ardiendo,
es mejor, más profundo, arcano, mañanero
de amanecer en luces que la noche perdieron.

Da igual que no me lean ni rechonchas las ratas,
no me importa bajo así, entre hablando ramas,
y que loas le cantes a músicos que riman
verdades con verdades, licencias con cadencias,
tierras sufridas de hambre con púber decadencia;
da igual pero me joden gastadas las rodillas,
y muelas que me faltan, sombras artificiales,
de pasarme los sueños escandiéndome en versos,
sin acabar ni un renglón, ni uno de los que escribo,
para que nadie sepa, que ni tú los comprendas;
yo prefiero mentirme a rimarte verdades,
yo prefiero esconderme entre la maleza hirviente
y roer con los dientes el ingrato textil
de espacio, tiempo y sangre sobre el que supuramos.

(Escansión: cuenta, cuenta, que te vienes torcido,
leyendo sin dudarte secos alejandrinos,
rimando sin colisión en ritmos aludos
de voces pretendidas, ocultas sinrazones;
¿qué si cuento los versos, bello, velludo, plano?
Cuento como que vibro, insano en las pasiones
creo sombras chinescas de mi balano hastiado,
de revolverse a verse más que en blanca pureza
de toda noche rala, solo por solitario,
al borde de su llanto y del derrame escuálido,
en la emulsión súbita de las nociones oscuras
infantiles y breves, que nunca repasamos.)

Me aliena hasta el hastío que no quieras comer,
que tu boca difunta de barro se alimente,
sin belfos ni membranas, sin sombra ni misterio,
que te vayas tragando hasta el menor gorgojo
enfundado en sandeces con cuerpo sometido
de los miles de enfermos que ahuecan tu Instagram;
me da igual, me carcomo, me toco, me subyugo,
me retiro a las cuevas musgosas en la orilla
de la turbia locura, donde las letras pierden
el sentido allanado y hablan hasta las piedras,
donde nada parece lo que en tus ojos ves,
no hay hilo que te lleve, ni historias ni finales,
que solo importa caer del cielo a las estrellas,
y dejar que te muelan sueños que no despierten.

Da igual, ya no me queman enveladas las manos
bajo el hielo de lluvia; entendidas las runas,
tragadas como sapos en deformes bellezas,
el secreto es reventar del pecho al interior,
que crujieran los huesos más que las pretensiones
y al pasar una vez más la lengua al calor
de húmedos revividos recuerdos de cimientos,
saber perderlo todo, del pie, al pelo y la voz,
y las cuentas absurdas de porqués o de cómos,
entender que no entiendes nada desde el principio,
pero nunca olvidarse de esa última laguna
al bajar de los picos de la ardiente cordura,
donde bañarse solos, donde perderse vivos.


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