Me preguntaron un día si es que esto,
esto que diluyo y voy derramando,
este intento que se va derrumbando
a cada trago y que muere inconexo
en el tratado ausente del silencio,
me preguntaron si es que yo lo hacía,
como rigoroso, preso de rimas,
de métrica, música y normas fijas,
que si contaba en cada verso largo,
que si lo hacía “en serio” o en letargo,
como se hace ahora la poesía.
Me preguntaron, aun con otras letras,
con formas rácanas de lengua esquiva,
en palabras de quien nunca trafica
con los dedos hurgando en sus entrañas,
que si yo escandía entre las malezas
de mis intentos, lloros y conatos,
que si yo me encontraba entre los raros,
que todavía leemos sonetos,
que todavía octavas nos debemos;
que si era estafador o el estafado.
Me preguntaron, por ir resumiendo,
si hacía poesía con criterio,
con rima, métrica y algún estilo,
que si esto que loco llevo intentando
desde que ni me hallo ni me comprendo
tiene algún, y sano, puto sentido.
Me preguntaron y no respondí,
pero aquí lo hago, como solo puedo,
con la suerte sangrienta de estos versos,
que no es todo lo que puedo escribir,
que no es más de lo que alcanzo a vivir;
décimas que nadie lee, yo las echo al viento.
Lo que yo hago
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