La auténtica salud

por M.Bardulia
Poesía en Bardulias: La auténtica salud

¿Qué es la salud,
amigo?
¿es vivir sanos
o vivir mejor?
¿es vivir mejor
vivir más sanos?
¿vive más aquel
que dura más
que muere más tarde,
o vivir mejor
es aprender a sacarle
todo lo posible
a esta vida impredecible,
casi siempre incomprensible,
en cualquiera de los casos,
siempre corta,
demasiado corta?

Vivir mejor
no es comer más sano,
como dicen esos
que se encumbran
como autores de la comida real,
como si todos los torreznos,
acelgas, garbanzos,
tocinos de cielo,
conchas Codan,
panteras rosas
y cuernos de chocolate,
fueran solo el fruto
de nuestra imaginación desarbolada.

¿Vivir mejor es vivir más sano
y levantarse pronto
para hacer mucho deporte
con nosotros mismos,
para nosotros mismos,
para tener un cuerpo perfecto,
para contárselo al espejo,
para estar siempre pensando
qué comer,
cuánto correr,
qué vestir,
a qué hora dormir
y a qué hora levantarse,
para volver a empezar a “vivir”?

Vivir mejor,
dicen los imbéciles
de las redes y los videos,
los creadores de contenido,
proveedores de la mierda,
es convertirse al moderno culto
del tiempo futuro,
hipotecar el presente
en la promesa falsa
de la juventud eterna,
de una vida inmortal,
de la apacible calma
de la superficialidad;
como si la vida fuera otra cosa
que la de saber lidiar
con todo este dolor.

Vivir mejor,
digan lo que digan
las influencers idiotas,
los infelices realfooders ,
el crosfitero asocial,
todos los idiotas
que no piensan más
que en sí mismos,
en su cuerpo y su culo,
en la perfecta inconsecuencia de la muerte,
vivir mejor no tiene
más, ni menos, sentido,
que explotarse en el amor.

Y de todo ese amor,
bañarse en la amistad,
y en la amistad,
regarse con alcohol,
a menudo,
y en abrazos llenos de sudor,
y en la música que siempre nos sonó;
y en la senda del tiempo,
mirarse a cada rato,
fijamente,
descubrir en los ojos
de los mismos amigos de siempre
la alegría de todas las locuras
hechas por vivir,
por vivir a rienda suelta,
sin tantos futuros
que nunca llegaron,
con muchos más presentes
y todos los buenos pasados
envueltos en la bruma
de las mil y una noches
sumergidas en vinos,
vívidas en la risa,
plagados de todos los recuerdos
que son, y no la quinoa,
ni tus pestañas,
ni tu vientre plano y amorfo,
lo que hace que la vida
tome y tenga volumen,
en ella encontremos sentido.

Vivir mejor no es vivir cien años
es vivir los meses que toquen
con la intensidad debida,
agotarse por buscar
a todos los amigos queridos
y expandir nocturnos
todo lo posible,
ganándole al día
todos los momentos,
dejando el sueño
y el descanso,
y tus dietas,
y tu kale, tu ayuno
y tu cuerpo sifilítico
para cuando no haya fuerzas,
para cuando volvamos a encontrarnos,
ahora sí, ya eternos,
quizá,
una vez muertos,
cuando ya no tengamos
ni que levantarnos las resacas,
que todo sea,
como casi siempre ha sido,
una fiesta,
una bendita fiesta,
un aprovechar la mortalidad
hasta la última de las consecuencias.

Vivir es amar,
amar es quererse,
y quererse, como poco,
o lo máximo,
sobre todo si se alinean los astros
y los frondosos ciruelos,
es ser amigos.

No cambio una sola de nuestras gloriosas melopeas
por un segundo más de vida,
porque en ellas hemos vivido,
como pocos,
todas las edades del mundo,
y vuelta a empezar.

Qué se joda la diosa salud
y sus fanáticos musculados,
estirados, delgados, bien peinados,
de intestino regular,
madrugadores natos,
bien dormidos y enjuagados,
qué se jodan en sus cultos
de culo perfecto,
yo me quedo con vosotros
a bebernos los ríos
y comernos las rocas,
de siete en siete,
hasta que nos den los treinta y ocho.

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