De todas las historias
que ya no viviremos,
de eso hablan
como si ya no hubiera mañana,
ni un oírse futuros gritando
como solíamos.
De todas las historias
vamos perdiendo la ilusión
y esa vibración que enciende
como de agua helada
la piel y los ojos,
como si anduviéramos ciegos,
casi sordos,
sin saber ya dónde o qué tocar,
sin encontrar una cueva húmeda
en la que tenderse a imaginar
que no se estaba perdiendo todo.

De todas las historias
que ya no imaginamos,
porque imaginar ya no sirve de nada,
porque nada se cumple,
ni los dolores,
nada es como es,
todo se retuerce en esa mueca vulgar
del tedio en esputos diarios,
de la rutina responsable del comercio
y la materia enfangada de datos.

De todas la historias
de las que hemos perdido recuerdos,
porque el recuerdo solo duele
y el dolor ya no nos sirve de nada,
solo para recordar,
para entender que todo se disuelve,
que ya no queda nada,
ni la rabia,
ni el reflejo escarlata,
el olor terroso,
el brillo azul
de la sangre a través de la piel,
latiente.

De todas las historias
ya no nos queda ni la sangre,
y los hombres de paja
caminan para acogernos,
los hombres de paja nos visten,
nos sonríen,
nos dan con su aliento
una nueva muerte,
una nueva vida de paja.

 

Imagen por: chrisbonney

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