Estoy harto de despedidas.
Harto de esta España seca
en la que no cabe nada
más que la desesperanza.

Este es tu país querido,
el que por dentro revienta,
salvaje, cordial, ufano,
lo que los muchos pudieran.

La España de los muy pocos,
la de los mismos de siempre,
barberos de la sangría
y la sevicia perenne.

La desigualdad por gesto,
la sonrisa por delante,
mientras escapa el orgullo
renco de oportunidades.

Estoy harto de despedirme,
de nuestro adiós semanal,
quincenal, mensual, perpetuo;
del no saber si llorar…

Esta es tu España ilustrada,
la del continuo emigrar,
la del huir por un vivir,
¡tierra de necesidad!

Mientras, individualista
te declaras, jubiloso,
y te sientas a engordar,
ingénito el desahogo;

y qué, si todo está bien
a tu alrededor goloso,
si todo es brillante y bello
desde tu atalaya de oro.

Estoy cansado de ver
como todo el mundo vuela
persiguiendo los destinos
que la codicia les niega,

hastiado de ver marchar
generaciones enteras,
de vernos partir forzosos
bajo esta malicia vuestra.

Idos vosotros, malinos,
idos, que no merecemos
vuestra corrupta cadencia,
vuestros falsos juramentos;

por qué no volvéis al mar
constelado en vuestros muertos;
por qué no vais y tocáis
el hedor de vuestro aliento.

Servidores del poder
que en dinero os apacienta,
lento fermentó en vosotros
el sabor de la miseria;

miseria en que os deleitáis,
que parece vuestra ciencia:
miseria para quien viene;
para quien se va: miseria.

Esta España que va bien,
bien para los cuatro lobos;
lobos que hemos engordado
y se ríen como grajos.

España de despedidas,
de los gobiernos bulbosos,
atrasados, miserables,
soberbios en sus pasados.

Ahíto de tanto adiós,
lleno de los muertos pobres,
del mar de los pobres muertos,
harto de voces salobres

que mienten como huracanes
en nubes verdes de azufre;
harto de veros graznar
desde vuestra sucia cumbre.

Qué rabia ruge de historia;
qué plaga de gobernantes;
qué mierda de reyes golfos,
qué de muerte y de ladrones.

Qué alegría esos segundos
en que llegamos a vernos,
que solo hay una Frontera
que merezca detenernos.

Y que muchos años pasen,
la lluvia y largos inviernos;
que se nos lleven las nieves,
que nos cubra un mar incruento…

Nos hemos revuelto fuertes
a pesar de las tormentas
y aunque nos separe el mundo
en sus aviesas maneras,

estuvimos y estaremos
queriéndonos en las rocas,
afilando las mañanas
de un color verde cometa.

 

 


Also published on Medium.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *