Libres, Poesía

El hombre solo

Y cuando el hombre se haya quedado solo
y sus dientes se pudran
y su estómago se contraiga
en una horrible mueca final;
en el momento justo en que
su corazón pierda finalmente
las últimas hebras de sol
y sus pulmones supuren negros
inflamados bajo las costillas astilladas;
cuando no haya nada más,
ni aire
que agite una sola nube,
que hasta las estrellas hayan olvidado
como llegar hasta él,
que ni la luna recuerde ya su nombre
sobre la tierra insana y seca;
ese día en que al hombre
solo le quede el hombre
y el magma purulento de sus economías,
nada que comer,
nada que beber,
nada que amar,
dime, tú, hombre, mujer,
dime, cuánto llorarás,
cómo gritarás,
a quién
si ya no habrá nadie que te escuche,
ni un árbol,
ni un río,
ni la sombra del mar inmenso y viejo
ahogado en la miasma
de tu ambición estúpida.

Bajo los muertos del reloj y del tiempo,
solo cuando el hombre se haya quedado solo,
solo entonces quedará satisfecho
y se echará a dormir, tranquilo,
seguro de que nadie
volverá a despertarlo,
nunca más.

 

 

Imagen por: maddog385

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