A mí ya no me vale

por Somnoliento

A mí, los sabios retorcidos del seco polvo
no paran de cantarme con su llanto de voces,
tirando del cabo hasta en las rocas estrellarlo.
A mí, los humanos de atocinadas verdades
intentan arrastrarme de los cielos del sueño
al campo púrpura de sus occisos infames.
A mí, espurio resistente contra el viento sucio,
me llaman los íncubos y me ofrecen su droga
mientras sus corazones de porcinos esclavos
siembran la carne a su paso de fuego y de anoxia.
A mí que han intentado comer los feos monos
de dos patas, borrachos de rabia, envidia y soma,
me siguen anclando al mar de la perdida esencia
el calor de la piel húmeda brillando libre,
el sabor de la saliva en las palabras rotas
y los cantos del mundo que en nuestras almas bulle;
a mí ya no me llegará el canto de sirenas
pútridas, rumiando filfas en sus pedestales,
a mí sólo me valdrá aquél que a la vida cante.

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