Al volver la vista, en la noche rocosa,
sola o acompañada, fría o rápida,
volviendo o empezando, siempre cálida,
al mirarla me encontrarás, doctora.
Al hundir tu memoria en sus honduras,
callada o dormida, bajo la pálida
luz de tu mirada creciente y ávida,
al volverte me sentirás, doctora.
No pasará el tiempo en las dendritas
que enlazan tus sinapsis explosivas,
que el espacio convierten en estado,
en tu suspiro estaré si necesitas,
doctora, en tus tiemblos y sacudidas,
que convierten la vida en el parnaso.




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