Trigal es especial,
como ese ornitorrinco del que siempre habla,
aunque él es mejor que esa monotrema extraña
que por su cabeza y discursos ubriacos, y no, pasa,
como distraída,
marcando clara su palmípeda ruta.
Él es único en cada gota,
en cada noche que grita,
en cada mañaneo montañil
del que disfrutamos, todos,
incluidos los que estando lejos,
están siempre al lado,
muy cerca,
cantando o berreando,
o cayéndose por olvidarse de correr…
Trigal tiene mucha poesía
en cada verso,
en cada platiposa frase que queda rondándonos
sin que te des ni cuenta.
Trigal tiene todo:
la risa y el cariño,
las noches largas,
la extraña poesía de su ornitorrinco lovecraftiano;
Trigal es único,
pero decidlo bajito,
a grito templario pleno,
que todos lo sepamos.
A Trigal y su Ornitorrinco
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