Una, que solo una de las flores,
y que venga a llevársenos
el viento ascético la alegría,
y nosotros esperando
entre la arena del sol,
cambiados de nubes,
no habrá quien nos levante,
que no habrá quien
nos incendie las hojas
de hierba,
aun los gritos,
aun quien se retuerce
bajo la tierra murmurando,
estaremos ya en la montaña,
defendidos por la piedra
y el agua,
al baile del reflejo azul
y de la sombra,
oteando el mundo en lo alto,
abajo las rabias,
perdidas las penas,
solo el frío de las noches
y la infancia de las mañanas;
solo nosotros, solo nosotros.

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