Piensa pequeño.
Piensa en tu madre,
piensa en tu padre,
piensa en tus hermanas y hermanos,
piensa en tus amigos,
en querer, en amarte,
en recordar la tierra y la risa,
en la última curva de los que
menos o nada tienen,
en esas radiaciones
que no solo te remontan.

Piensa en tus uñas,
¿hace cuanto que no piensas en tus uñas?
Piensa en su trago y en su perineo,
fortalece, cruje,
que suenen los muslos,
que hagan sombras tus rodillas,
que ardan los mil infiernos
en esa zona agitada
que bulle entre los giros de tu lengua.
Y tus ojos, miriápodos,
y tus labios,
y las palabras pequeñas
que no siempre nos decimos,
ardientes,
bestiales irredentas.

Piensa pequeño,
piensa en lo que nunca piensas,
déjate de espacios presentidos,
piensa, pero solo en el vacío,
en esas zonas perdidas
que hierven como brumas
entre tu ojo y el párpado imposible,
en la pieza faltante de la risa,
cuando ni la misma risa encaja
en tus carcajadas sagradas,
cuando ríes sola,
pero no sabes ni cuándo,
cuando ya no te recuerdo,
cuando ya no me hablas,
cuando ya no temblamos,
de lo grande a lo pequeño,
de lo grande a lo pequeño.

Pero no pienses grande,
nunca,
ni con cohetes,
ni en curvaturas.

Piensa, pero hazlo inútil,
no hagas caso a la voz glauca,
a la moderna canción
de las fáciles, sonadas pasiones,
no armes tu vela
al son y al desespero
de sus lágrimas en ciclópeos sueños,
enormes desvalidos,
ilusiones de miskatónicas proporciones.
No creas a la luz,
que la luz va siempre clara,
no devuelvas al mundo
sus creencias plásticas
de poca nieve y menos soles,
no te dejes en económicas,
espurias, cloríneas razones;
vuelve a la negrura,
a la sombra de la carne,
la tierra de Loki,
el agua de todas las Dríadas,
baila con el frío,
el aire tranquilo, anárquico,
la tromba bestial,
fría sin más,
en la santa incertidumbre.

Ni al sur ni al norte,
si no existen,
si no hay más,
ni rojas ni azules,
ni de éxito ni muerte,
si no las hay grandes
si son diminutas
creciendo entre en cada pico,
débiles gluones punzantes.
Si todo lo que queda
en tu entropía preciosa,
desatada,
es la maravillosa conjunción
de los microestados en tu fase jugosa,
fase única,
fase estallada,
fase descreída,
fase, pues,
fase siempre, siempre,
que empieza diminuta,
que acaba derramándose.

No les hagas caso,
deja de pensar en grande,
lo que importa pasa pequeño,
como tus dientes, pequeño,
como su aliento, pequeño,
como cada segundo
que por su esperar no respiras;
como cada centímetro de tu piel
que por no recorrer,
va,
que se nos desfasa tu vida.

Que no,
que aunque te lo digan los ricos,
los sordos, los fingidos,
tú piensa pequeño,
inaprensible,
loca,
que por no encontrarte
ni la gravedad, ni el tiempo,
ni los números nos encuentren.


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