París

por Somnoliento

¿Qué hacer cuando sólo vemos la muerte,
cuando la maldad nos atrofia?
¿Qué hacer cuando nos enfrentamos
a los más monstruosos reflejos del hombre?
La vida.
Vivir.
Vivir la vida.
La calle.
La risa, el baile, la música:
salir a la calle a reír,
escuchar todas las músicas,
incluso las prohibidas,
sobre todo las prohibidas.
Escupir el miedo juntos,
gritar,
levantarse y gritarle al cielo,
mirar de frente al sol
hasta quemarnos,
no ceder ante nada,
aferrarnos a la vida.
Querer a los muertos,
demostrarles que no se irán nunca,
que serán siempre parte,
comienzo,
que no serán un final.
¿Qué hacer con los que sólo quieren la muerte?
¿Qué hacer con los malvados,
con los monstruos?
Olvidarlos,
encerrarlos en su locura,
apartarlos del resto de la humanidad,
y ante ellos erguirnos
como un solo.
Y vivir.
Y bailar.
Y cantarles a la cara,
y gritarles a la cara,
delante de sus fusiles y sus bombas.
Y vivir,
vivir como hemos vivido siempre,
sin miedo a nada,
pero sobre todo,
sin miedo a ellos
y a su demacrada muerte.

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