Manual de protección poética frente a la angustia de la ignorancia y la desilusión:

Leer a (San) César Vallejo.
Destapar el corazón abozalado
y dejar que se aireen los odios,
las manías, las ideas heredadas.

Leer a Homero y a Tucídides.
Blindarse contra el pánico de la falacia,
la urgencia de los extremos en retorno,
viajar, pensar como otros, entenderse.

Leer a Mishima y a Dazai, por lo menos.
Meter las manos en agua congelada,
comerse el hielo, sentir calmante el fuego
dorado rodando invertir las pasiones.

Leer a los Rusos.
Aprender a pensarse de nuevo a solas,
destriparse los miedos y los espacios
infinitos que se nos agrian, dañinos.

Leer a Fante y a Carver.
Caer hasta el fondo y mirar la sangre
hasta los ojos, disuelta en barro y sal,
escuchar desde allí el temblar de la pérdida.

Leer a Federico, a Miguel y a Antonio.
Llorar sin motivo. Amarse sin racimos,
sin vetas ni historias pasadas, mirar,
disfrutar del trigo, de la vega verde.

Leer a Lem y a Vonnegut.
Liberar la imaginación moribunda,
sorber de las estrellas la precisión
voraz de nuestra universal menudencia.

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