Madrid sufre

por Somnoliento
A nuestra alcaldesa siútica,
a sus esbirros sin dientes
y a los que de sus muertos se alimentan.

Madrid sufre.
Madrid está presa
de quién hace tiempo que no la contempla ni escucha

Madrid vive ahogada
en las babas pútridas de unos avaros incompetentes
que han pretendido hacerla suya.

Madrid es vejada,
día a día,
Madrid sufre,
sucia de silencio,
sobre todo por sus noches,
esquilmadas, hoy exiguas,
cada vez menos suyas,
cada vez más ancianas.

Madrid, otrora capital del cielo,
casa eterna siempre abierta al sediento.
Madrid capital, encrucijada de tiempo,
de sus calles sin sentido
surge la voz del que nunca encuentra su casa,
del que en sus calles se pierde y se basta.

Madrid guarda un secreto:
Madrid ha sufrido siempre,
desde sus cuestas ha soportado
a quiénes han querido,
estúpidos, lentos,
con ella hacerse.
De sus calles surgió la voz
que la guarda siempre
contra los cuatreros del dinero y la alhaja.

Madrid siempre esperó doliente
y llegado el día,
con las largas colas de sus amaneceres colmados,
sus calles han temblado,
terribles y rugientes,
a ira y fuego contra los parásitos
que chupaban su sangre.
Madrid se ha desecho siempre
de los que intentaron
que sus ciudadanos,
gatos, perros y caminantes
abandonaran los ritmos de sus noches,
corazón de sus días,
fruto de sus colores.

Madrileños, ¡todos somos madrileños!
Cerremos de nuevo las plazas,
como cuando prendieron al infante,
como si esto fuera mayo,
¡y que vengan otra vez con sus jinetes!

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