Fantasmas

por Somnoliento

Se me vuelven de nuevo
viejos fantasmas engolados
en sus risas de muerte
de sobras conocidas,
y sólidos,
y físicos,
y expertos en la merma
y el declive. Atorrantes.
Me visitan en sus luminarias
de sangre
de sus bocas hambrientas
y enormes.
Sé que vienen al olfateo
de mi inseguridad lacerante
exacerbada por su propia cercanía.
Canes en jauría,
ladridos de lo profundo,
frenéticos en busca
de mi ilusión lastrada.
Bestias de la nada,
enemigos odiosos del futuro,
impredecible,
que corta e inflama
su estática y dolosa rabia.

Vienen mis dobles,
turbios y fuertes,
en procesión solemne
de crueles miradas,
fibrosos en el ejercicio
de la sombra.
Esperan con sus colmillos
engancharse a la fresca
yugular de mis pasiones.

Me han vuelto, vociferando,
los fantasmas,
los que quizá nunca se fueron.
Han vuelto y son fuertes,
quizá más que yo,
quizá no sea yo
ya más que otro fantasma,
uno de ellos.
Quizá me una a ellos,
definitivamente, pronto,
en su deleite de carnes perdidas,
dolientes.
Quizá no haya más fantasmas
que yo,
eterno y múltiple penante.

Pesado.

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