EXPERIMENTO II

por Somnoliento

EXPERIMENTO

El afecto de un hombre mayor, saber la muerte cercana, aún siendo consciente de que nunca llegará, porque en el preciso momento en que ese viejo que ocupo se desvanezca, yo volaré al pasado, invariable ahora la opción, puesto que no tengo futuro más allá de esa muerte. No al menos en esta falta de cuerpo fijo, en esta no dimensión de existencia. He vivido a mis nietos, he conocido la enfermedad y casi he tocado la muerte, pero he seguido saltando. A medida que los años se apagan, el ritmo de giros disminuye. Ya no es un pensamiento el que provoca el cambio, todo es más estático, cada vez más presente. El tiempo se acaba. El don que se me ha dado, un don de no vida, pero de toda una vida, parece que acabará. El hombre no es hombre, la quimera de ser lo que se define como hombre, jamás puede ser alcanzado. En el momento en que lo nombras, en que le das una imagen fija al ser, al existir, queda reducido a lo tangible, algo estático, negándole el fluir constante y, por tanto, destruyéndolo por completo. Eliminamos al hombre, eliminamos lo que le rodea, su mente, sus hermanos, el mismo universo queda anulado, en cuanto esa razón, ya reducida, desatada del infinito, intenta darle nombre, ponerlo cerco y reducirlo a la única posible concepción del terreno acotado por la maldita percepción.

He sentido el tiempo sin fin, fluyendo, mezclado, he olvidado lo lineal. No existen las concepciones del hombre, su pensamiento obstruido ha acogotado su propia razón, ha confundido el uno con el otro y nos ha hecho seres finitos. Somos más que nuestra razón, no somos nuestro pensamiento y por supuesto, no somos hombres. Yo ya no soy un hombre, no porque haya podido saltar del trampolín de la incompleta realidad racional, hacia el auténtico río agitado del tiempo y espacio, si no porque simplemente, lo soy. O mejor dicho, no lo soy, nunca lo seré, pero por eso, porque no me reduzco a hombre, no me creo sus nombres o sus artes, definidos y acogotadas, lo soy más que antes.

El viaje termina, el pasado se apaga y cada vez, el presente es más vivo. Pero no presente, el presente futuro, cada segundo siguiente es futuro, lo mismo que el anterior es pasado. Ahora me doy cuenta de lo sencillo del no acotamiento, vivo en todos los momentos, aunque ya no salte, aunque el don se vaya de mí, desapareciendo poco a poco. Vuelve la luz habitual, los colores definidos, coartados por una maldita idea, hecha, concreta, sucia… El mundo, de nuevo gris, ha dejado de fluir. Todo es estático, fijo, cubierto de paredes, de barreras, visibles e invisibles; mi transgresión se ha roto, la virtud se desvanece, todo a mi alrededor queda difuminado y embargado, finalmente, por la oscuridad.

Abro los ojos y despierto. Todo es normal, recuerdos de un viaje, fuera de toda experiencia anterior; no cambiará mi vida, pero me ha marcado seguro. Un experimento sin guía, no más guía que yo mismo, que no ha estado mal. Leo lo escrito y no me arrepiento, bastante sentido tiene, para lo que supone alterar la consciencia de esta manera. Creo haber empezado hace sólo unos minutos; no era fácil alcanzar el lápiz en ese viaje. El escrito me lo confirma. Ojalá todos, o casi todos, pudiéramos experimentar algo así, tener la oportunidad de “volar” de esta forma, saltarnos por una vez, las normas escritas por el hombre, para el hombre. Única y exclusivamente para el hombre.

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