Dejarse mecer

por Somnoliento

Saltar al agua fresca y clara de los ríos

cuándo fuiste niño, cuándo no importaban
los días, ni el lento y extraño pasar de las horas.
Lento, jugar como entonces,
dejarse mecer, aprender a vivir
cómo sabías, de la tierra al cielo,
bajo la lluvia gruesa…

En cada árbol una catedral,
en cada banco un fuerte,
en cada encuentro un amigo,
de cada amor mil sueños…
Correr sin más; correr porque sí.
Nadar y aun sin agua, sólo por nadar.
Ver el mundo prístino y lúcido,
sin el tamiz roído de los años
maculados por la astrosa responsabilidad.
Y escuchar cantar a las mirlas
en la mañana gozosa,
y bañarte en su augural trino,
mirífica savia del mundo.

Dejarse mecer, aprender a vivir,
de nuevo, como solías…

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