Coplas, Poesía

Condenados

Tengo una herida de piedra
en las ramificaciones
someras del corazón,
una herida en las pasiones

que a veces me tumba y labra,
que a veces en efusiones
de pena, de algo de rabia,
me ciega las intenciones.

Tengo una herida y no cierra,
porque solo veo furias,
solo veo dentelladas
entre fango de penurias.

Solo veo como inflama
en la paz de la ingorancia
los rencores infundados
en los hermanos la abulia.

Tengo una herida de piedra,
abierto sangrante el pecho,
porque solo triunfa el miedo,
colgando horrendo del techo,

crece sinuosa la muerte
en la piel de los deshechos,
y nadie mira, nadie habla,
mientras caemos derechos

a la infame resistencia
contra el progreso imparable,
que solo somos nosotros;
contra el hecho inapelable

de estar todos condenados,
en este mundo habitable,
a entendernos como hermanos
o destruinos insaciables.

 

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