Beben de tus ríos, hasta secarte

por Somnoliento

Del mundo levántanme de la mano
y sin más veo agotarse los ríos,
veo al hombre futuro dibujado
en mis días y en los últimos fríos
de las noches vendidas al sobrado
sueño, rotundo; sueño del hastío
al que me conminan tordas mañanas,
brumas del pasar sorbiendo poemas.

Tragando el rocío de las palabras
me oculto tras la sonrisa forzada
en el bosque de eternas malas caras:
ojos helados, cerviz agachada,
paso continuo y recto, no te salgas,
normas para tu vida calculada.
Bajo el árbol, camino de oros negros,
vereda emparedada de sus miedos.

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