Odio ver tu culo,
constante, contante,
sonante de popularidad y dinero.
Odio ver tu cara perfecta,
tu sonrisa editada,
tu piel pulida, sin grietas.
Odio tu sonrisa,
tu baile, tus monerías
calculadas, repetidas y estúpidas.
Odio que ganes
gracias a la nada
en la que te vendes y refocilas.
Odio que la gente
te siga y te imite,
que hasta los niños te busquen.
Odio que creas
que lo que haces
tiene algún sentido que no sea miserable.
Odio que no odies tu vida,
esa que vendes
haciendo el gilipollas por unos segundos.
No debería odiarte,
porque odiar, odio, en realidad,
a quién te ha dado el teatro y la pantalla.
Odio que, a ti,
pobre incauto, incauta, joven o viejo,
te hayan hecho creer que vales de algo.
Odio a los que crearon
estas las redes de la ignorancia,
haciéndote creer que no haces nada malo.
Odio que os hayan convencido,
lavado el corazón,
absorbido la humanidad en instantes de video.
Odio esa humanidad
que solo mira un suspiro,
que no siente más que con los dedos.
Os odio a vosotros,
y a ellos, que os esclavizan,
pero a ellos los comprendo,
de vosotros no entiendo nada,
ni aunque lo hagáis por dinero,
por todo el acance del mundo.
Ilustración generada con IA.

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