Mañaneos

por Somnoliento
En Madrid se vive y muere de noche,
se muere y se vive de día
al mismo ritmo que en la noche;
en Madrid se desconcierta la vida…

Habrá ciudades de noches grandiosas,
eternamente iluminadas
por temibles torres acristaladas,
noches, que dicen, nunca duermen,
pero en las que se descansa,
en las que se para a comer,
en las que uno se cuida de ver y conocer,
casi solo…
En Madrid, no.
En Madrid en la noche no se duerme,
nunca,
menos se descansa,
nunca,
si se come, se hace pasando,
si se ve y se conoce,
nunca se hace solo.

Habrá ciudades donde la noche sea por bailar,
las danzas que sean,
las de los pies,
las de la manos juntas,
las de la mandíbula que se bate sola
al pie de playas otrora desiertas;
serán noches sublimes,
a veces,
en febrero, a veces…
En Madrid, no,
en Madrid de baile, siempre,
las mil danzas de todos los miembros,
siempre,
las que cada uno se deba a buscar,
aludo y listo,
acompañado y vivo.

Habrá noches que duren por siempre,
eso dicen,
de ciudades despiertas,
quizá,
pero el día ha, siempre, de apagarlas,
irremediables.
En Madrid, no,
en Madrid el día encrespa la noche
llenándola de un sol bien alto
renco tras luna y estrellas;
y la una se junta con el otro,
y la otra con el uno,
y todos vivimos de día
como si fuera de noche,
de noche como si no hubiere día,
y no nos queda más remedio…

En Madrid, sí,
Madrid es la única que te entregará a la noche
en sacrificio gustoso y pleno,
y extasiado
darás un sí de horas y humores,
te enredarás en sus vestiglos febriles,
y no te quedará más remedio…

En Madrid, sí,
no hay propósito,
sólo existe la noche.

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