Como una lanzada desde la más pequeña
de las venas enramadas, el pecho pesado,
contraído en la mueca de indefensión;
manos estancadas insensibles
cosquilleantes y envejecidas de rozar
la pena con los dedos; profunda
sinrazón de no entender ni poder;
como un río de fuego oscuro
intentar desentrañar el futuro
de lo irreal, de las visiones ofensivas,
intentar comprender porque todo
pesa como pesa, como un mundo,
de lo feliz a lo creíble y a lo triste,
revuelto y retorcido, y el velo febril
de la angustia pegajosa,
pasta negra de todas las elecciones.

Pesa como pesa, hasta la implosión,
pesa todo, hasta la mayor alegría,
porque todo está tan cerca
que abrasan las llamas de lo uno
y de lo otro, de lo conseguido,
de lo que viene, de lo no esperado,
por mucho que se escupiera y se pensara.

 

Imagen por: erah

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