Podría ser más fuerte.
Podría.
Ser más flexible,
comer mejor,
beber menos,
pero más agua.
Podría ser más paciente,
podría,
más calmado,
a veces,
delgado, rápido, responsable,
más estricto,
pero mucho más dulce,
podría ser más consciente
y hablar más bajito.
Podría ser, como dicen,
mejor,
levantar pesas,
andar descalzo quince minutos,
levantarme antes,
exponerme al sol media hora cada día,
dormir lo justo,
comer proteínas,
cazar una paloma,
desplumarla y comérmela a la brasa;
podría ser más hombre,
aunque hombre creo ser.
Podría tener un gurú
que me enseñara a ganar más dinero,
ser más productivo,
o rentable,
o presentable,
a tener una erección cada mañana;
podría.
Podría mirar menos pantallas,
leer siempre más,
podría hablar más
con mis hermanos,
con mis amigos,
con mis enemigos, sobre todo…
Podría.
Puedo,
hago lo que puedo,
pero no soy más que yo mismo,
y disfruto con el verde
del césped recién llovido,
las nubes que envuelven
a veces la luna,
el sonido de un instrumento de cuerda
tocado en una calle nocturna,
los sueños,
los buenos y los malos,
la gracia de ver envejecer a mis padres
y crecer a mis hijos,
leer y leer,
en papel siempre que pueda.
Solo soy yo mismo
y, aunque pudiera,
y pueda,
me contento con intentar
escuchar a quien me rodea,
querer a quien me escucha, habla y cuida,
amar, por encima de todo,
cada pieza, ser y estroma
de esta realidad,
que no entiendo más que en la paz
de no querer ser nada más
que una buena persona.
Puedo ser mejor persona;
puedo,
tu también:
podríamos.




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