«A mi amigo Alex, y a toda su familia, en el día más difícil»
Perdemos, ahora,
que nos va tocando en la vida,
a una generación
que se despide natural,
paciente y entregada,
serena, cariñosa, tranquila,
no sin haberlo dado todo,
no sin habernos enseñado todo,
no sin antes haberse asegurado
nuestra felicidad,
nuestra integridad, fraternidad, solidaridad,
nuestra preciosa libertad.
Perdemos, pero no del todo,
solo en lo físico,
y lo físico no es nada.
Qué es lo físico
sino una mala expresión
de todo lo real,
lo inmortal que vive,
y vivirá,
siempre en la memoria,
guardado, cuidado, repetido
tantas veces como queramos
en insondables,
infinitos bucles de tiempo.
¿Qué es el tiempo
sino lo que nosotros queramos?
¿Qué hay más real
que todo lo que creamos
en la humedad untuosa
de nuestras mentes?
¿Qué hay más real
que todos los mundos
a nuestro alrededor?
Dije perdemos, pero no perdemos,
hemos ganado tanto,
recibido tanto,
vivido tanto,
que resulta estúpido
hablar de perder;
en todo caso,
seguimos ganando,
con cada palabra,
en cada mirada, caricia, abrazo,
besos que nunca ya se irán,
que no mejorarán porque fueron perfectos,
y en su perfección,
jamás abandonarán nuestra memoria,
nuestro corazón,
el mundo,
los campos inmateriales
que nos unen y expresan.
No perdemos a una generación,
simplemente,
nos dejan paso
quienes tan bien hicieron
lo que tuvieron,
y quisieron, hacer,
entregar, amar, vivir.
No es una despedida,
es más una entradilla:
«os damos pie,
ahora os toca a vosotros»
¡Ojalá alguna vez,
podamos estar a su altura!
No perdemos nada,
porque todo lo ganado
a través del corazón
es imposible de olvidar;
hasta cuando creemos perder,
solo estamos ganando.




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