¿Qué estamos celebrando exactamente?
¿La muerte? ¿Cientos de muertos lejanos?
¿La guerra? ¿Otra guerra? ¿Una nueva guerra?
¿tiranos aniquilando tiranos?
¿Qué celebráis y apoyáis, democracias?
¿Que señores de la guerra inhumanos
borren del mundo lo que no someten?
¿Por qué hemos de mancharnos las manos?
¿Por qué dejar hacer a los tiranos?
¿Cómo es que ahora cedemos al odio?
¿Estamos tan perdidos que olvidamos
que no éramos famas sino cronopios?
¿Cuándo dejamos atrás la razón?
¿Y la humanidad? ¿la voz de los sabios?
Los muertos verán el fin de la guerra,
¿qué harán los vivos con tamaño osario?
¿Qué podemos celebrar de la guerra,
si solo trae muerte, dolor y hambre?
¿Quién disfruta la ruina de las bombas,
misiles, drones, aviones de sangre?
¿Por qué cebar las máquinas de guerra?
¿Por qué a sus abotargados señores?
¿Por qué no negarnos a su avaricia,
gritarles que no todo es como quieren?
¿Qué reís, qué escribís, que ponderáis
la vida humana con la economía?
Vale más cualquier niño que tu patria,
más la paz, la razón, que tu locura.
¿Qué estamos celebrando exactamente?
¿La muerte como medio y mercancía?
¿El caos al servicio del dinero?
¿lo profundo de su estulticia?
Liberando a los pueblos, escogidos
según el petróleo que almacenen,
según se sometan a nuestro antojo,
según nos convengan sus minerales.
Desde el aire arrasamos, primero.
Del suelo robamos, aún caliente.
En el caos los dejamos, libérrimos,
a la muerte y el hambre, salvadores.




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