Pastillas para no sentir
a ti te traigo
no vaya a ser qué despiertes
no vaya a ser que
de euforias sufras,
tarado.
Calma para producir,
la tranquilidad de que
te sepas
levantar a las ,
de que puedas a las 9
empezar a dar sin preguntar, mucho,
y no levantes, mucho,
la cabeza hasta las siete,
u ocho,
o las que sean
para no respirar,
no
ver el sol.
Pastillas para dormir bien
y que te sientas en aeroplano
sin echarte a volar,
si la poesía se va,
bendita sea la muerte
y en tu piel crezcan
las mil responsabilidades mohosas;
disfruta de las setas
que brotan en tu cuerpo,
flores del micelio
de la responsabilidad.
Si la música comenzó a cansarte,
chupa del asafalto
toda lo gris que necesitas,
vete a un concierto
de Rosalía
y aprende, de una vez,
como todos,
como ella,
a venderte y morir.
Pastillas para dejar de sentir;
en vez de entenderte,
apuntar a la muerte
y déjate llevar,
¿què es la vida
sino un interludio de culpa?
Bebe de este caliz,
come de mi carne
y ponte a sudar,
tus secretos ya no lo serán,
si haces lo que te digo,
si comes lo que yo te cuento.
Pastillas para ver siempre,
de lejos,
la felicidad,
que de eso se trata,
verla,
casi siempre en el más allá,
pero no la toques
no vaya a ser que
un día nada te falte
y se te olvide el ruiseñor
y te olvides
de que un día,
al son de la calandria,
te enamorabas de todo,
se enamoraban de ti, me
enamoraba yo,
también,
de ti,
y decía tu nombre,
y gritaba sobre tu piel
que devolvía elástica,
sensible,
notas ocultas
de la felicidad.




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