Es verano y no conozco otra forma de sacudirme la nostalgia,
no sin antes saborearla más de lo suficiente, que hacer esto.
Sabéis que estuvimos allí, ahí mismo,
hace años que no sé contar,
o que no quiero…
Estuvimos en esa misma escalera,
a mitad de noche,
el primer año que subimos,
haciendo noche en Xixón,
folixerus,
a bebernos les piragüés.
En ese mismo lugar,
buscando qué hacer
hasta que la mañana
nos trajera el penúltimo autobús,
encontramos dos
que tocaban ya tambores,
que si djembés,
que si bongos,
no recuerdo yo tanto,
pero sé que fue para ponerse a bailar,
que lleno nuestra noche,
durante un rato
al menos,
antes de que tuviéramos
que ir a dormir a la estación
de autobús,
diez o quince minutos,
a subirnos pa la ria,
a plantar la tienda
en cualquier lado,
a volver a vivirlo todo.
Allí, hace no tanto,
que el tiempo es lo que hacemos con él
y yo decido hacer un ovillo
hoy con él
y plantarme de nuevo ahí,
en esa misma escalera,
subidos a San Lorenzo,
escuchando las olas bajando
y mirándote a los ojos,
soñando yo con besarte,
soñando ya
con lo que, al final,
bailando en la plaza,
abrazados a todos,
besamos entre todos.
Fue allí,
¿o ha sido ayer?
Me da igual
lo que la gravedad me asiente,
lo que la causalidad decida,
yo me rebelo contra físicas y físicos,
para mí, siempre que mire
o pasé por allí,
o imagine,
o sueñe sin recordar,
siempre,
volverá a ser hoy;
volveré a sentarme
en aquella escalera,
en esa playa,
en esas tiendas costrosas,
revueltos de sidra,
abrazados al mar.
Volveré a estar
y con vosotros,
contigo,
ser.




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