En otra noche de insomnio
de esas casi voluntarias,
no pretendiendo dormir
por no despertar directo
al sudor y la rutina,
aproveché del silencio
y estando cerca del mar
a escuchar lejos las olas,
desaguando de su espuma
sobre la arena ya oscura,
y evoqué sin darme cuenta,
como suelen los recuerdos
armar aunque no queramos
imágenes de la infancia,
un verano parecido
de playa y noches de riego,
de aromas de sal y arenas,
frescor de hierba mojada.
Un verano siendo niño
en que recuerdo escuchar
no sé si por vez primera
el tramontar de las olas,
como lo escuchaba anoche
en mis sudores despiertos,
que me pregunté nostálgico
si no serían aquellas
las mismas olas que oyera
yo ya entonces, con mis primos,
durmiendo junto a la cala;
que no será que ese mar,
me dio el corazón la idea,
de todos los mismos mares
acabe siempre por ser,
batidas todas sus aguas,
mezcladas todas sus sales,
el mismo mar de los mares,
mismas amigas sus olas.




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