Durmientes a medio vestirse locos
vuelven, o van, junto a los despertados
cuerdos de la mañana y medio día,
despiden unos la noche olvidada,
vuelven los otros a lavar el llanto
lento de los días largos, sol ciego,
viajan todos bajo tierra y metal,
desperdigados en la vida aérea,
juntos en la oscuridad subcutánea.

Se besan como entre sueños de locos,
y nadie mira, porque nadie quiere
arrebatar la vida que entre dientes
se reproduce y borbota a la sombra
y al ruido de la luz blanca interpuesta,
no importa que se vean de los huesos
las manchas negras de viejas historias,
ni una mano elongada rebuscando
la humedad en cavidades prohibidas,
ni el azul de gargantas que se alientan,
que se llaman, que se rozan y beben.

Vivos al despuntar la sobriedad,
durmientes en la presión de la luz,
blanca como agujas, en carne viva,
seca como la carne seca y sola,
en la obligación pesada del miedo
a volver, a despertar, a tener
que hacer y olvidar, volver a temblar
saliendo del sueño en el mordisco último
al desprenderse pegados los labios:
mirarse, olvidar, volver a empezar.

 

Imagen por: nadamas

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