De lejos y recorrido todo
un pasado crecido entre dientes
recordaremos, gritando y al cielo,
y haremos de los gritos enlace
que mantenga abierta la esperanza
de no dejar pasar ni un suspiro,
de los que se fueron desde entonces.
Engarabitados por volver
a mirarnos: amigos; saber
de las sáficas pasiones largas
encontrarnos amigas, amores
si tanto, tristezas de la nada
solas, bajo la noche escindida:
de una lado, negrura compleja
y cómplice en la cruel resistencia;
del otro, la luz por encontrarse
en las mil líneas temporales
esperando a sucederse azules,
incapaces de soplarnos nada,
pero en las señales, en las flores,
que en los ojos rosas nos crecieron
todo vibraba en la conexión
brutal de sumergirte en la risa.

El mundo es corto, de estrechas calles,
y de ciudades feas, desiertos
de los que urbanos, lobunos mudos
buscaban el último rincón
para un día terminar de amarse.
Recordaréis, como en un disparo
de calles mojadas infantiles,
como un vuelo de sonrisa ardida
las uñas con las que deshicimos
los mares de la mala prudencia,
los nudos de la hiedra del verbo,
el tacto que la carne pedía
inflamada en los pies errabundos
bajo una luz de noche mojada.

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