A mis padres,
que nos han dado todo:
la iluminación del cuento,
bondad sin fisuras ni facturas,
las epopeyas de la imaginación,
tiempo, tiempo, tiempo,
toda su vida y todos los colores,
los cantos del corazón,
la voz del alma
y el querer sin medida ni condición,
abrigados en el calor
de sentirse cuidados, educados,
protegidos, queridos y libres.
Todo, hasta el frío y los sueños
que hoy se nos descuelgan
filamentosos;
todo, de los ojos del ruido
al silencio de las palabras
que no necesitan ni pronunciarse
para echar a volar.
Todo.

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