El calor. La luz de la tarde larga.
El olor verdoso del cloro azul.
Los gritos, las mañanas, la humedad
nocturna de la negra hierba vaga.
El tiempo. La noche misma. La luz
que declara los días sin final.
El dormir largo, fácil, desdoblado.
El fresco agradecido de las horas
en que la sombra infiltra los secretos.
La risa. El silencio desordenado
de la pausa. Las cenas a deshora.
La longitud oblonga de los sueños.
El gazpacho. Las sandías. El agua
sumergida de manos, pies y piedras.
La espuma de las olas atronantes.
La arena tiritando al sol su fragua;
sobre los ladrillos ganó la hiedra.

Noches de juegos. Noches de encontrarnos
junto al deliquio rojo de los grillos.
Noches de volver a sentir lo libre
de ver sobre la cama fresca y suave,
listos, nuestros pijamas de verano.

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