De inicios, de arrancarnos como costras,
de romper las trabas de lo asumido,
rumiarnos como de rabia lluviosa;
de afilar contra el hueso los colmillos,
olernos hasta enfundar la vergüenza
en la blanca equimosis del destino;
volver sin manos, juntos, desnortados,
sobre el relato de los sin sentidos,
de lo imponente, lo malo y lo raro,
de lo desviado, lo oculto, lo sencillo,
lo que nadie dice, lo que no sabes,
lo que sé, y sabes, lo que tranquilos
masticamos, besamos, inventamos,
lo que entre la plata de tus cilios
eléctricos miriápodos ladinos,
locos somnolientos desbaratamos.

 

Imagen por: denya-ukr

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